domingo, 9 de junio de 2019

Berta Isla, de Javier Marías

Pese a su título, no es Berta Isla el eje  de esta novela sino  su marido, Tom Nevison.   Este joven   posee un extraordinario talento para la imitación de cualquier voz, de cualquier acento, de cualquier matiz, tanto en inglés como en español; además está dotado de  una extraordinaria facilidad para aprender  idiomas en un muy poco tiempo.  Estas cualidades hacen que los servicios de inteligencia  británicos se fijen en él  y  lo recluten,  torciendo de manera nada escrupulosa su negativa inicial. De un día para otro,  su futuro va a cambiar radicalmente y  su vida queda fuera de sus decisiones. Toca aquí Marías dos temas: el poder del estado para utilizarnos en su instrumento si le conviene y el hecho de que  algunas cualidad que podrían ser una bendición se convierten en una maldición   Nevison se ve viviendo una vida no elegida;  la elegida había sido una vida al lado de Isla Berta, una apacible y próspera vida burguesa en que el amor estaba  embridado por una decisión racional largamente pensada.La vida de esta pareja se convierte en  largas separaciones de las que Nevison vuelve cambiado, nervioso, como ausente y las largas esperas de Berta Isla, a cuya soledad se va acostumbra con muchos costes. Berta Isla se convierte en la voz de la reflexión, la duda, una penélope forzosa que no sabe lo que es mejor no saber y acaba por aceptarlo.  Al principio,  la angustia de saberlo en peligro envenena su vida, aunque también se va acostumbrando a ello. Acaba por aceptar que en su marido y en el mundo hay zonas oscuras de las que es mejor no saber nada.  Para Isla, su marido se va convirtiendo en un desconocido, como dice una cita de Dickens hacia el final del libro “ cada corazón palpitante es un secreto para el corazón más próximo, el que dormita y lae a su lado”.

Marías  analiza aquí lo fluctuante de la identidad y de identificación que  los otros hacen de nosotros. Indiga  en “un tipo de personas que se van, desaparecen, a veces reaparecen y a veces hay dudas sobre su identidad” . La extrañeza triunfa sobre el reconocimineto. Hay dos obras que son muy del gusto de Javier  Marías  que hablan de la vuelta del marido al que se creía muerto o del que  no se sabía si continuaba vivo: “ El coronel Chabert”, de Balzac, novela del que hará un profundo análisis en “Enamoramientos” y “La mujer de Martin Guerre”, un libro de Janet Lewis, en que un marido de vuelta al hogar  causa dudas sobre su identidad a la mujer, sorprendida de un marido mucho mejor que el que se había ido.  Resulta un impostor, pero mejor que el original.  Cambio, pérdida de la identidad, extrañamiento de los demás, solución que le dan a la situación...todo esto lo encontramos en esa novelas. Las dudas o sospechas sobre la identidad del otro, nos muestra la solidez o la fragilidad de las relaciones y coloca a los personajes ante difíciles dilemas morales. Berta, llena de dudas y angustias, decide la espera indefinida en el tiempo, la espera abierta en la que conserva una especie de lealtad.

Esta novela de Marías tiene la suficiente calidad y genera la suficiente curiosidad para leer sus más de 500 páginas. No discuto que es toda una proeza mantener una novela tan extensa con dos personajes y solo dos voces narrativas:  la tercera persona con la que se nos narra la vida de Tom; la primera persona en la narra Berta Isla.   Sin embargo, tiene, en mi opinión, los mismos defectos  de los que está aquejada toda su obra. Leyéndolo recuerdo siempre el consejo que se daba a sí mismo Henry James “Muéstralo, no lo digas”. El problema del Marías es que dice demasiado, discursea y muestra muy poco. No es que no tenga esa cualidad como escritor, simplemente le gana siempre su  tendencia  “filosofante” reflexiva, generalizante. Marías extiende sus párrafos en  ramificaciones: se le ocurre una idea y enseguida percibe sus derivaciones, sus asociaciones...y no se resiste a escribirlas. Eso recarga considerablemente la narración. Es su tendencia porque sí sabe mostrar:  hay momentos en que nos hace ver a los personajes vivos, como ese rato que pasa Berta Isla mirando desde su balcón al banderillero, un amante ocasional al que conoció con 18 años y  al que había vuelto a citar después de 20 años en la cafetería Oriente. Esos minutos están magistralmente narrados. En esos momentos, los lectores “estamos allí”.. Las acciones propiamente dichas de Tom como espía no se nos narran, como si Marías reconociera su incapacidad para la novela de acción. Tampoco sabemos mucho de lo que pasa por el interior de Tom porque Marías lo convierte en un personaje sin introspección  ni al autoanálisis. Total que se nos dice muchas abstracciones y generalidades sobre este personaje. Se nos viene a decir que vive torturado, pero realmente no se nos muestra esa tortura interior.  Además hay páginas cuya inclusión chirría en la historia como toda la información sobre un episodio en el enfrentamiento entre los unionistas y el IRA. Tampoco veo que haya creado un personaje profundo e inolvidable con Berta Isla. A mí me ha irritado es esquema que sigue Marías en la novela: hombre de acción, ausente largas temporadas del hogar, como Ulises; mujer que  lo espera años y años ( Penélope) si no fiel sexualmente, con lealtad, al menos. Es muy cansino ver orbitar la vida de una mujer en torno al héroe o al villano. Es aburrido  ver otra vez la dicotomía entre el hombre que trabaja para la Historia y la  mujer que se queda en la insignificancia de su domesticidad. Cierto que dedicarse a los grandes asuntos de la historia es el relato con el que se consuela Tom Nevison durante un tiempo. 
Pese a los grandes elogios que ha merecido esta novela, a mí me resulta un Marías repetitivo y estancado.





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