
Sacheri crea con habilidad la trama con bien distribuidos clímax para que el interés no decaiga. Elige un detective creíble que conserva de los clásicos su amor a la verdad y al trabajo bien hecho, una ética superior a la del medio, un carácter introvertido, lleno de dudas. El lector lo siente cercano y confiable. La segunda trama, la amorosa, pese estar unida a la fundamental muy colateralmente no hace el efecto de ser un pegote. Nos permite conocer mejor al detective y seguir una historia de amor que en nuestro mundo de citas rápidas por Wathsapps parece increíble: esa historia de amor platónico transcurre entre adultos durante décadas.
Los personajes están bien diseñados, especialmente Sandoval y Báez, y desde luego, los personajes clave de la novela: el asesino y el viudo.
En cuanto al espacio en que transcurre la acción, Sacheri ha conseguido meternos en Buenos Aires y en sus oficinas mal equipadas, en sus calles acechantes y en las casas humildes de la clase media bonaerense; en cuanto al tiempo histórico, sentimos el aire siniestro de la historia cuando ya no se trata solo de la arbitrariedad burocrática crónica y la corrupción endémica de las estructuras judiciales, sino de la violencia política siniestra que se ha apoderado de la vida de los argentinos. Es precisamente esa irrupción de la violencia política la que enreda insospechadamente la trama.
Una novela, en fin, recomendable para pasar unas horas de lectura amena.
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