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jueves, 4 de octubre de 2018

LAS OLAS, DE VIRGINIA WOOLF

La lectura de Las olas, de Virginia Woolf requiere de un lector  disciplinado y abierto, dispuesto a salirse de los cauces convencionales de la narrativa. Si ustedes son de los que dejan  las líneas de una novela  para irse a buscar un yogur en el frigorífico o de los que alzan cien veces la vista del libro en el metro, piensen que a la vuelta de tan triviales acciones  es difícil subirse otra vez a la ola de la consciencia del personaje que les hablaba en el momento de la interrupción.

Para calibrar la dificultad de esta genial novela, haré una lista de lo que NO van a encontrar en esta novela de Virginia Woolf y a continuación alguna aproximación imprecisa de lo que yo he percibido, que es lógicamente muy poco. Pero empecemos con lo  van a encontrar:


1. En cuanto a los personajes. En la novela oímos las voces de seis personajes, tres  masculinos (Bernard, Louis y Neville) y tres femeninos ( Susan, Jinny y Rhoda). Hay otro personaje sin voz, Percival, cuyo significado en la novela es difícil de determinar.  No tenemos a ningún narrador (sea omnisciente  o testigo)  que nos lleve de la manita para conocerlos con sus descripciones o sus juicios. Tampoco podemos llegar a ellos a través de diálogos: no hay un solo diálogo entre los personajes.  Más difícil todavía: no hay apenas hechos o acontecimientos en  los que, estando implicados los personajes, se vayan definiendo como cobardes, impacientes, cínicos, etc. Virginia Woolf nos ofrece a los personajes como voces de unas conciencias en flujo. El resultado es seguramente el que pretende la autora: no los podemos categorizar ni fijar en unos rasgos relevantes claros y delimitados sin traicinarlos. Todo lo que diga un lector de estos personajes es una reducción pobre y desfiguradora. Por tanto,  el lector percibe desde el principio que no puede reducir  los personajes a unos pocos rasgos claros como acostumbra. Con ello advierto que lo que voy a decir de cada uno de ellos son impresiones parcialísimas de estos y ,desde luego, muy subjetivas.


En mi opinión, los tres personajes femeninos  constituyen  una especie de triangulo: huye así Woolf  de las construcciones binarias propias de la narrativa tradicional.

Susan representaría:


La naturaleza, la firmeza, lo sólido

La determinación, la duración

Jenny representaría:


Lo artificial, lo efímero, la cultura, la civilización


 Rhoda representaría:


La exclusión, la marginalidad,  la situación fuera del tiempo,

lo irresoluto, lo  indefinido. 

Susan manifiesta una convicción granítica sobre su pertenencia a la Naturaleza. Aunque, incluso esta plenitud, no está exenta de problemas. En manos de otro escritor, Susan puede convertirse en el tópico de la mujer  primitiva, ligada a la naturaleza: disfruta entregándose al servicio de los demás,  reivindica la maternidad con una fuerza por encima de la moral humana, prepara galletitas para los vecinos, hornea el pan, madruga con las gallinas, reniega de las frivolidades urbanas. Woolf la dota de una fuerza impresionante como si fuera una ola de impulso irrefrenable. Segura de lo que siente, de lo que piensa, de lo que decide. Se pliega plenamente a  la naturaleza y no necesita la poetización de esta. La naturaleza es la verdad. Sin embargo, cuando está en presencia de  Jinny esconde avergonzada sus manos rudas y rojas, desgastadas por el trabajo. En ella también cabe la duda.


Jinny, por su parte, es la fuerza de la belleza reforzada por todo lo que la civilización ha creado de artificial para remodelarla o resaltarla. Frente a Susan que reivindica su vida como una parte en el todo que es la  naturaleza y se sujeta a sus procesos cíclicos y lineales, Jenny elige el instante: el tiempo es una sucesión de instantes, cada uno diferente al anterior, irrepetible: nada permanece, todo es efímero y vivir es decir  "ven" apasionadamente a cada instante. Su belleza es el imán del tiempo, del instante.


Por último Rodha expresa la carencia, la exclusión, una asimilación temprana del rechazo.  Es incapaz de encontrarle una coherencia a la sucesión de los minutos, de las horas. De hecho, no entiende las matemáticas, esas que son el lenguaje de la naturaleza. En nadie encuentra su modelo: ni puede imitar a Susan ni a Jinny: las envidia y las desprecia. Rhoda representa más que ninguna de las otras dos  el desasosiego por encontrar una respuesta al sentido de la vida  y al de la identidad  que sabe desde el principio que no existe.



Los personajes masculinos también se oponen entre sí en ciertos rasgos:


Louis representa

Ennoblecimiento del destino que desprecia
El comercio, el dinero

Neville represetna

Conocimientos del pasado
El estudio, la disciplina, lo organizados, lo cerrado, lo acabado

Bernard representa

La búsqueda de  relato
El discurso
La necesidad de lo otro para todo discurso
La conciencia de la mutiplicidad de los yoes

Louis tiene en común con Rhoda su sentimiento de ser rechazado, su lucha por encontrar un sitio propio en el mundo sin que llegue realmente a conseguirlo nunca. Le persigue desde niño su sentimiento de ser  despreciado por su acento y por ser hijo de un banquero. Neville, débil de cuerpo, enfermizo, fortalece su inteligencia con el estudio, con los textos de los clásicos; intenta acotar su vida al dominio donde puede controlarla, pero como todos ellos fracasa.                             


2. En cuanto al argumento y la trama. Muchos lectores se quejan de que en las novelas experimentales de Virginia Woolf no pasa nada. En efecto, la autora no pone de relieve ciertos acontecimientos que otros consideran los hechos importantes de toda vida: por ejemplo, apenas dice nada del matrimonio de Bernard, que a todas luces no le libera de su soledad, ni de sus hijos, por los que tiene que aceptar un trabajo. De Jinny, que vive muchas aventuras amorosas no conocemos ni un solo episodio; de Louis, que vive su trabajo comercial como un suplicio no conocemos ninguna crisis relevante. No hay acontecimientos destacados,  como si Woolf nos dijera que aquello que la novela tradicional considera como relevante  y  destacable para que las tramas funcionen no son más que acontecimientos de la conciencia en flujo con otros acontecimientos del mismo valor. Porque Woolf va recogiendo aquello que los demás escritores dejan como  superfluo en sus narraciones porque no tiene interés o no tiene tradición. Por tanto,  en el discurso de la conciencia que se va creando a sí misma con el lenguaje, el discurso es lo importante. Ciertamente sabemos que pasan muchas cosas entre los personajes, pero estas acaban diluyéndose en un fluir fantasmal y poético. Al final el tema de la obra es la captación de la conciencia  multiforme y del tiempo en el fluir del discurso.


3.  En cuanto al espacio. No cabe esperar en esta novela descripciones de lugares.Los espacios tienen un valor sobre todo simbólico: no solo la playa, el mar, las olas, como evidencia el titulo, sino otros lugares como el jardín, Elvidon, donde escribe una dama, el bosque,  el aula, la escuela, el restaurante donde se reúnen los seis amigos, la casa de Susan... Los lugares toman sentido en la conciencia. La perspectiva subjetiva del espacio hace que  parezca perder su solidez y cobrar un aspecto fantasmal, onírico. Los personajes nombran las cosas, muchas veces metafóricamente, en el aquí y en el ahora, como si quisieran fijarlas, salvarlas de su fugacidad en su aparición en la conciencia y de su fugacidad en cuanto sometidas al flujo temporal de la entropía.


4. En cuanto al tiempo. El tiempo no es un mero modo de organización de los sucesos, no es cronología. En realidad el tiempo es el mismo meollo de la novela: su captación por la conciencia como un fluir que no se puede parar y en el que se suceden las ondas de la conciencia que luchan por dar una forma a la identidad, al yo. La obra sigue las etapas de los seis personajes: niñez, adolescencia, juventud, madurez, vejez. Cada parte se abre con una descripción del mar y del nacimiento, la elevación, la decadencia y el ocaso del sol. Una articulación realmente hermosa.


5. En cuanto al lenguaje. Sin duda aquí está una de los rasgos fundamentales de la novela. Virginia Woolf  hace que cada monólogo interior de los personajes sea un largo poema: un lenguaje cargado de símbolos, de metáforas, de asociaciones imprevistas, de frases de oscuro significado. Además, el ritmo es fundamental ( no hay traducción alguna que pueda reproducir el del original). Las oraciones reproducen el vaivén de las olas. El discurso como un flujo no como una fijación.


Para acabar este post me gustaría hablar de otros dos aspectos de la novela: el título y el personaje de Percival.


1.El título es uno de los más acertados de la literatura universal: 


a) se refiere  a las características del lenguaje: su ritmo, su fluidez, su búsqueda  de adoptar lo multiforme de las olas.


b) se refiere a los rasgos de la conciencia y de su expresión en los monólogos interiores: la identidad es un flujo que no puede adoptar una sola forma, que no deja de cambiar en el tiempo, que fluye con otras conciencias y que busca, sin embargo, algo de permanente en ella.


c) se refiere al tiempo como un fluir incontenible que no tiene sentido en sí mismo. La vida  humana en el tiempo no se parece a los ríos con su nacimiento, su recorrido por un cauce bien delimito y su final en el mar: el tiempo no tiene forma lineal, pero tampoco circular. Nada avanza en línea hacia ningún tiempo, nada vuelve a ser lo mismo que fue.


2. El personaje de Percival


a) El nombre remite a un personaje del ciclo artúrico. Percival era uno de los caballeros de la Mesa Redonda.  Es aquel que sale en búsqueda del  Grial.


b) No escuchamos la voz de la conciencia de Percival; sabemos de él por la conciencia de los demás. Es decir, somos también construidos por los otros.


c) Percival  sería el mito, el héroe que unifica, armoniza a los otros personajes:  es admirado y querido unanimemente. Representa, por tanto, un tiempo de la unicidad de la conciencia, de su visión mítica suprasubjetiva.


d) La muerte de Percival, cuando los personajes están en su juventud, simboliza la entrada de estos en la disolución, la pérdida de toda posibilidad de unión. La muerte de Percival es el aviso de la de cada uno de ellos.