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miércoles, 17 de abril de 2019

MANDÍBULA, DE MÓNICA OJEDA

Decía Laura Freixas en una conferencia que la literatura, patriarcal desde que existe, no había explorado las relaciones entre mujeres sin que estas cobraran  significado con el vértice más importante: un hombre. Entre la temática esquinada por los autores hombres señalaba el de la relación madre-hija. La misma Freixas colaboraría con la recopilación de textos de escritoras que habían abordado este tema en Madres e hijas. En esa importante exploración puede inscribirse la novela de Mónica Ojeda, Mandíbula.  También aborda otro ámbito de luchas femeninas poco frecuentado por escritores varones: la relación maestra-alumnas.

Lo sorprendente de la novela es que aborda esta relaciones con las claves de la novela de terror psicológico sin caer en tópico alguno.  Toda novela es en el fondo la búsqueda de una mirada nueva sobre la realidad que  desprovea a esta del velo de Maya que nos la oculta. Sin embargo, para todo lector veterano, esa operación la ha visto realizada tantas veces que la realidad que se le desvela ha perdido la capacidad de sorprenderle. Por eso, la novela de Mónica Ojeda  me ha sorprendido tanto, porque su mirada ha ido más lejos, más hondo. 

Los mimbres del argumento son sencillos: una joven profesora, obsesionada por parecerse en todo a su madre, abandona su primer trabajo tras un penoso episodio con unas alumnas. Cargada de todas sus angustias, pasará  a formar parte de un nuevo claustro en un prestigioso centro educativo del Opus Dei al que acuden hijas de la élite ecuatoriana. A ese colegio acuden dos alumnas que están viviendo una adolescencia "difícil" y que han formado una especie de Club. Ojeda desmonta todas nuestras mistificaciones sobre la Educación y sobre la sororidad creando un ambiente de tal perturbación que por momentos puede resultar insoportable. En esa red de luchas monstruosas nada remite a un hombre. Suprimido este de la ecuación, vemos surgir el terror de la humanidad misma de lo femenino con toda su capacidad destructiva  y autodestructiva. El mismo estilo de Ojeda muchas veces  se aleja de las imágenes habituales en el género de terror y crea unas poderosísimas metáforas, una profundas analogías que hacen pausar la lectura para inclinarse ante su profundidad, ante el precipicio que abren en nuestra mente.

Lean este libro, y nunca más entrarán en un aula o asistirán a una escena materno-filial con una mirada inocente.



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