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domingo, 21 de enero de 2018

Quédate este día y esta noche conmigo, de Belén Gopegui - La novela que no pudo ser

Belén Gopegui
Mateo y Olga son dos personajes alejados, en principio, por muchas circunstancias: la edad (él tiene 22  y ella más de  60), la clase social  (clase baja, él; clase media, ella)  y desde luego, expectativas. Los unirán preocupaciones filosóficas que son para ellos   existenciales  y que formulan de un modo muy elaborado. Se conocen en una biblioteca y empiezan a pasar las tardes en un bar de la periferia madrileña.  Deciden presentar juntos una  inusual  solicitud de trabajo a Google que  incluye la crítica a esta multinacional, la denuncia de  su poder y la necesidad de combatirlo así como el descubrimiento de sus limitaciones. Es esa solicitud la que da soporte o encuadre a las conversaciones entre los dos personajes, además de una breves reflexiones de la evaluadora de la solicitud.

Como se ve es  un planteamiento ambicioso que, desgraciadamente, sucumbe al peso de sus pretensiones. La novela hace aguas por muchos motivos, pero todos ellos confluyen en  su falta de verosimilitud, principio inapelable de la ficción. Los mecanismos puestos en marcha por la autora no se articulan bien y quedan a la vista del lector como piezas obligadas a encajar por una voluntad externa. No se trata de que Gopegui  rompa con los límites de los géneros, sino más bien lo contrario:  toma de cada uno de ellos unas características que no sabe integrar en un todo. Domina la impresión de que la  autora ha querido escribir un ensayo  en que intervenga  la dialéctica del diálogo y  ha creado dos personajes como soporte de sus reflexiones. La relación afectiva entre Mateo y Olga no es convincente, los atisbos de su  vida familiar y de  sus  problemas sociales  son solo pretextos para justificar sus puntos de vista. La misma solicitud de trabajo a Google es  un truco torpe   para poder hablar de los temas prefigurados antes de empezar la novela: la inteligencia artificial, el poder de Google, la indefensión y colaboración inconsciente de los usuarios, el viejo tema del determinismo y  el libre albedrío, los aportes de la mecánica cuántica y la neurociencia en estos temas,  la responsabilidad individual o colectiva,  la capacidad  o incapacidad  de inducir cambios sociales, la eutanasia… Por momentos se hace insufrible el tono de la conversación de Mateo y Olga, entre lírico y erudito. Si Gopequi pretendía decirnos que en una bar del extrarradio madrileño se puede hablar con esa altura filosófica  y un lenguaje tan alejado de lo coloquial no lo ha conseguido. Sin embargo, cuando faltan pocas páginas para el final, se barrunta que lo peor de la novela está por llegar. La autora se saca de la manga… ¡oh sorpresa!  la muerte y el amor  para acabar con sus personajes.

En definitiva, si quieren disfrutar de esta novela, léanla   como un ensayo lleno de reflexiones interesantes e inquietantes condimentado por una trama novelesca que desmerece de ese nombre, pero que ayuda en su digestión.


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